Vila Franca de Xira es una capital industrial, pero en sus cercanías se hallan pueblos famosos en todo el país por la calidad de sus vinos, como Azambuja, alenquer y Arruda dos Vinhos. Las uvas trincadeiras-pratas dan blancos secos y afrutados y la periquita y la trincadeira preta, tintos que harán las delicias de los españoles cansados del tempranillo.
Los que disfruten de los encierros taurinos podrán correr delante de los toros por las calles de Vila Franca, como en Pamplona, en las dos primeras semanas de julio y de octubre.
Los pueblos ribatejanos, agrícolas en su mayoría, guardan lo mejor de la hospitalidad portuguesa y mantienen vivos los valores de la gastronomía tradicional del país. Como ocurre en España con éste y otras conservas del mar, los mejores guisos de bacalao, el plato nacional luso, se encuentran tierra adentro, al lado de ricos huertos, junto a las sabrosas viñas regadas por los acuíferos subterráneos del Tajo.
En estos pueblos se encuentran acogedores alojamientos rurales, dotados de todas las comodidades, a buen precio, en los que el viajero recibe un trato familiar. En Rio Maior, por ejemplo, es posible alojarse en lo alto de una colina en un molino de viento del siglo XVIII, o en la vieja casona de un notable de la localidad y pasear hasta las salinas donde aún funciona como hace siglos un poblado construido enteramente de madera en el que la sal también parece haber conservado el ambiente.
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