La ostentación del Palacio Nacional de Queluz. Y es que en Queluz, corriendo el año 1747, el futuro monarca Pedro III mandó construir un palacio, que por su traza, su elegancia y el diseño de sus jardines está considerado “el Versalles portugués”. Igual que el palacio francés, aquí hay un verdadero canto al lujo. Los frescos, los espejos, las tallas, las maderas, las lámparas y los azulejos que decoran las salas del Palacio, junto a sus fastuosos jardines, lo convirtieron en residencia oficial de la familia real portuguesa.
Del palacio cabe destacar su fachada principal construida hacia el interior y no hacia el exterior. Así, es imposible imaginar desde fuera el mundo mágico que se vive tras sus muros. Los jardines, en la mejor tradición italiana, se estructuran en pequeños espacios destinados unas veces al paseo, otras a la charla o la reunión y otros cuya finalidad era más una búsqueda de la intimidad y el retiro. La llamada Casa del Lago o de la Música es una construcción de gran belleza y originalidad que merece ser destacada.
El Palacio de Queluz dejó de pertenecer a la realeza portuguesa en 1908 y pasó a formar parte de Patrimonio Nacional. Su perfecta conservación nos muestra hoy en dia todos los elementos necesarios para que un jardin se calificara de ideal por los habitantes de la época, además de estar considerado como único entre las residencias reales de su época.
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