Siete centurias han pasado desde que los reyes portugueses iniciaron la costumbre de regalar, como singular ósculo nupcial, la villa de Obidos a sus reinas. Su aspecto no ha podido cambiar mucho desde que Dionis e Isabel de Aragón iniciaron esta costumbre en 1282. Pequeña ciudad, rodeada de altas murallas medievales, se distribuye a lo largo de calles adoquinadas y casas de color azul brillante con ribetes amarillos. Por todas partes, se ofrecen empinadas escaleras para subir a las murallas, desde donde se divisa un paisaje punteado de viñedos y molinos de viento.
Pueblo de Portugal de unos 47.000 habitantes, situado en la región de Estremadoura (Leiria) Totalmente ceñida por una alta muralla almenada, la hermosa y blanca ciudad puede jactarse de ser una de las más floridas y graciosas de Portugal. Antiguo puerto de mar y emplazamiento estratégico, fue también, en la historia, el infantado de las reinas (1.228-1.833). Muchas de las cuales vivieron allí. Es obligado recorrerla a pie, aun cuando la circulación de coches está permitida. Trasponiendo la puerta de paso en zigzag, se asciende a la muralla del Oeste: el camino de ronda se interrumpe en la punta Norte, donde parte del castillo (siglo XII-XVI) se halla ocupada por una posada cuyo comedor es la antigua sala de los guardias. Hacia el mar, se contempla la lago que se formó tras el enarenamiento del puerto renacentista. En el lado Este, la joya del pueblo está constituida por los racimos de buganvillas y el enlucido en lapislázuli y ocre de los ángulos y las ventanas de las casas, en las cuales los emparrados «enlazan entre sí los techos». Del castillo, por las pequeñas calles pavimentadas donde los artesanos exponen, bajo el dintel de las puertas, sus trabajos de tapicería, se llega a la praca Santa María dominada por un pasaje en terraza. Sobre el balcón, la cima de la picota, está adornada por una red de pesca; a finales del siglo XV, el cuerpo del hijo de la reina Leonor, que poseía la ciudad en infantado, fue transportado tras haberse ahogado en el Tajo, en una red de pescador. Enfrente, la iglesia renacentista, con notables azulejos, alberga un monumento funerario atribuido a uno de los maestros de la escuela de Coimbra. Al lado, el museo de la fundación Gulbenkian expone pinturas de Josefa de Obidos, entre otras, y recuerdos de las guerras napoleonicas: Masséna ocupó, en efecto, dos veces la ciudad durante la campaña de 1.810-1.811. Más abajo de la plaza, hay que detenerse delante del pórtico barroco de la Misericórdia. Productos artesanales: Tejidos y tapicería (exposiciones públicas cerca del castillo).
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