Conocida como La Cuna de Portugal, Guimaraes es algo más que un reducto de historia que hunde sus raíces en la Edad Media, cuando Alfonso Enríquez fue proclamado en 1139 rey del país luso. Aún conserva el Castelo, eso sí, que se asienta sobre la roca madre de la colina que domina el caserío, y la iglesia románica de San Miguel, del siglo XII, a sus pies.
Pero Guimaraes es hoy una cómoda ciudad de provincias, de poco más de 20.000 habitantes, que ha sabido conjugar los vestigios medievales con unas bellas avenidas de carácter barroco y algunos barrios residenciales amables y tranquilos, como casi todo en Portugal
La Historia narra el pasado glorioso de Guimaraes, ciudad que el primer rey de Portugal, Dom Afonso Henriques, convirtió en capital del país en el siglo XII. Hoy en día, al andar por su casco antiguo todavía se pueden contemplar las huellas del esplendor que mantiene desde hace más de 850 años. Por eso, la UNESCO clasificó a Guimaraes como Patrimonio de la Humanidad.
Al llegar a Guimaraes, es imposible evadirse del “aroma” que rodea a las calles medievales de la ciudad. Aquí nació el primer rey del país y aquí tuvo también su cuna el dramaturgo Gil Vicente. Paseando por los “largos” de Oliveira y Toural, así como por la plaza de Santiago se puede apreciar que aquí el tiempo no tiene prisa. En los balcones de madera de las casas parece que la historia se ha detenido.
Las murallas y el castillo guardan el origen de la nacionalidad portuguesa, así como la iglesia de San Miguel del Castillo, donde se encuentra la pila románica en la que fue bautizado Dom Afonso Henriques. Numerosas iglesias, como Nossa Senhora da Oliveira, Santo Domingo, Sao Torcato o Sao Marinho de Candoso, mezclan los estilos arquitectónicos, desde el románico al mudéjar, desde el barroco al neoclásico.
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