Estremoz aparece ante nuestros ojos como una villa medieval diríase que mantenida sin demasiados cambios, ya que de hecho parece que ni siquiera se hayan tomado la molestia de restaurarla. Pero si aguardamos un poco y tomamos el camino que parte desde la primera rotonda hacia la Pousada (Los Paradores Nacionales Versión portuguesa), nos daremos de bruces con una grata sorpresa. Frente a nuestros ojos, se alzará un castillo, con su foso y puente levadizo incluídos, la forma más pintoresca de entrar en el pueblo.
Las calles adoquinadas nos conducen por una pronunciada pendiente , por la que finalmente llegaremos al mismísimo interior del castillo, en el que, a diferencia de España, se puede entrar con el coche. Así que aparcamos a la sombra de la Torre del Homenaje, frente a una antigua iglesia con Baptisterio, y junto a una serie de tiendas de recuerdos y antigüedades (que como siempre me encontré cerradas), y después de tomar el reportaje fotográfico correspondiente, nos acercamos al restaurante para ver si nos dan algo de comer (que siempre se me olvida lo pronto que se come en Portugal)
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