Se hallan pueblos famosos en todo el país por la calidad de sus vinos, como Azambuja, alenquer y Arruda dos Vinhos. Las uvas trincadeiras-pratas dan blancos secos y afrutados y la periquita y la trincadeira-preta, tintos que harán las delicias de los españoles cansados del tempranillo.
En estos pueblos se encuentran acogedores alojamientos rurales, dotados de todas las comodidades, a buen precio, en los que el viajero recibe un trato familiar. En Rio Maior, por ejemplo, es posible alojarse en lo alto de una colina en un molino de viento del siglo XVIII, o en la vieja casona de un notable de la localidad y pasear hasta las salinas donde aún funciona como hace siglos un poblado construido enteramente de madera en el que la sal también parece haber conservado el ambiente.
“Portugal tan cerca y tan lejos”, se decía antes, cuando España y Portugal parecían dos siameses unidos por la espalda. Hoy, con las nuevas autopistas, el encanto de Portugal está al alcance de la mano y bien merece una escapada.
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