Novara, ciudad de intercambios por excelencia, constituye geográficamente la escala ideal entre Turín y Milán. Es un importante centro químico para la producción de óxidos y cristales de silicio, y la investigación sobre nuevos materiales. La ciudad destaca por la investigación farmacológica y es sede de una de las más importantes editoriales multimediales italianas: DeAgostini. Novara, ciudad universitaria y con una buena calidad de vida, ofrece una intensa actividad cultural entre la que destaca el Festival di Musica Sacra, cuyas notas pueden oírse bajo la bóveda de la basílica de San Gaudenzio, obra de Antonelli.
Novara es una ciudad moderna que mira al futuro; gracias a su situación geográfica (a un centenar de kilómetros de Turín, a menos de cincuenta de Milán, a media hora del aeropuerto de Malpensa) ocupa un lugar estratégico, ya que por ella pasan algunas de las principales carreteras que unen el norte de Europa con Italia y que comunican con los países del este de Europa. Por esta razón la sede de la editorial De Agostini, una de las más importantes en materia de mapas, está en Novara.
La fisonomía de la futura Novara está tomando forma mediante la mejora de las carreteras y de los ferrocarriles, lo cual hace aumentar cada vez más la importancia estratégica de la ciudad. Los jóvenes serán los que salgan mejor parados de esta modernización, ya que desde hace pocos años tiene sede en Novara una universidad dedicada al matemático Amedeo Avogadro.
Novara, definida capital del Piamonte oriental, es una ciudad que merece la pena descubrir lentamente, a pie o en bicicleta, sin olvidar monumentos como el baptisterio de época paleocristiana con planta octogonal; el Broletto, conjunto de edificios de época medieval que se unen alrededor de un gran patio (dentro del Palazzo dei Paratici, antigua sede de la corporación de artesanos, se encuentra el Museo Civico), la basílica de San Gaudenzio, construida entre 1577 y 1690 según el proyecto de Pellegrino Tibaldi, cuya majestuosa cúpula fue realizada entre 1844 y 1888 por Alessandro Antonelli, creador de la Mole Antonelliana de Turín.
Quienes quieran satisfacer el paladar pueden probar los biscottini di Novara, unas galletitas elaboradas según una antigua receta nacida en los conventos femeninos de la ciudad hacia finales del año 1500. Una refinada exquisitez a la que no se resistía ni siquiera el poeta Gabriele D’Annunzio.
|