Región metropolitana francesa conformada por los departamentos de Creuse, Corrèze, y Haute-Vienne. Ocupa la parte occidental del Macizo Central.
La capital regional es Limoges, de la que deriva el nombre de esta región tradicional y administrativa de Francia.
Ciudades y pueblos del Lemosín se funden con el paisaje gracias a un estilo arquitectónico simple, a veces incluso austero, pero siempre humano. Cada villa se organiza alrededor de su iglesia románica, de granito, construida a finales de la época feudal. Collonges-la-Rouge, etapa importante del Camino de Santiago, no parece haber cambiado desde hace siglos. Este magnífico pueblo, sin duda uno de los más bellos de Francia, posee un conjunto excepcional de palacetes, monumentos religiosos y casas de arenisca roja, con aguilones, torrecillas y tejados de pizarra oscura.
Aubusson (Creuse) es una curiosa y pequeña ciudad que se extiende junto al río Creuse, más famosa por sus fábricas de tapices que por su urbanismo. Cuenta la leyenda que fueron los sarracenos quienes introdujeron este arte en el 732, cuando, huyendo de Poitiers, fueron acogidos por el señor de Aubusson. Lo más probable es que esta actividad se desarrollase a partir del siglo XIV. Desde entonces, los tapices más bellos se realizan a partir de cartones dibujados por pintores famosos, como lo atestiguan las firmas de los pintores del siglo XVIII Watteau y Boucher. Sin embargo, el auge y la fama mundial de los tapices de Aubusson se deben a Jean Lurçat, autor del tapiz del Chant du monde, eco moderno del Apocalipsis del siglo XV, instalado en el castillo del rey René en Angers. Aubusson posee no sólo una escuela nacional de artes decorativas, sino también un museo histórico de tapices y numerosas galerías de arte.
Con sus dos mil años de historia, Limoges (Haute-Vienne), la principal aglomeración regional, ya era famosa en la Edad Media por sus esmaltes. Uno imagina, al deambular por las callejuelas de casas con entramado del casco antiguo, la agitación que entonces debía reinar. Sobre todo por la sorprendente calle de la Boucherie, donde se acaban de abrir tiendas de lujo en lo que antes eran establos y mataderos. Más tarde, en el siglo XVIII, la unión de la porcelana y el esmalte hizo de Limoges la capital mundial de las artes del fuego. Testimonio de ello son el museo municipal del Obispado y el museo Adrien-Dubouché, que cuenta con una extraordinaria colección de loza y porcelanas (11.000 objetos), así como las fábricas, galerías y tiendas especializadas, que renuevan un arte que sigue vivo. |