La Cordillera Cantábrica por el Sur, que se une a los Picos de Europa al SurOeste, y el Mar Cantábrico al Norte constituyen los límites y la pecualiaridad geográfica más notable de Cantabria. La Cordillera pierde altura abruptamente hacia el Cantábrico (menos de 40 Km en línea recta) cortada perpendicularmente por los valles fluviales. Esto produce un relieve de montes y collados que de Sur a Norte van perdiendo altura y que encajonan sendos ríos, torrenciales en su origen y de corto recorrido, que acaban desembocando en el Cantábrico en estuarios y bahías.
La parte central de la Región se extiende al Sur de la Cordillera Cantábrica en dos comarcas, Campoo y Valderredible que se adentran en tierras meseteñas.
Deva, Nansa, Saja, Besaya, Pas, Miera, Asón y Agüera son los principales de estos ríos de Oeste a Este. Estos ríos forman lindos valles en su descenso, a veces vertiginoso, de la Cordillera al mar. Y otros valles sus afluentes. Solo el río Ebro, que surge en Fontibre, en Campoó, no vierte sus aguas al Cantábrico, sino al Mediterraneo, después de su paso en sus primeros kilómetros por tierras de Cantabria, donde queda embalsado en la presa de Arroyo con fines reguladores de su caudal. Esto da lugar a que el Ebro a su paso por Valderredible, después de la presa, sea un río que paradójicamente tenga más caudal en verano que en invierno.
Los acantilados se reparten por toda la costa cántabra, adquiriendo un carácter imponente; en la parte occidental, en Tina Mayor y Tina Menor; en Santoña y en Oriñón, en la parte oriental.En este lugar el Monte Candina, al que corresponde esta fotografía, alcanza la altitud de 472 metros bruscamente desde el mar. Igualmente espectacular resulta El Buciero, en Santoña, que alcanza los 380 metros más abruptamente, si cabe.
Esta espectacularidad de las formaciones de acantilados, que se ve acrecentada los días de galerna, tiene su contrapunto en las playas. Nada menos que 58, de muy diferentes tamaños desde los 5 Km. de la Playa de la Salvé, en Laredo, hasta algunas que se forman en pequeñas y recónditas calas, siempre de fina arena dorada, como la de Prellezo, cerca de San Vicente de la Barquera, a la que corresponde la fotografía inferior. Los arenales toman la forma de dunas en ocasiones, siendo notables las de Oyambre y Liencres. |